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Un año de emociones

Un año de emociones

Querida paciencia

  • enero 22, 2018

Te escribo para que me mandes tu ubicación por WhatsApp. Creo que me enviaste una dirección equivocada y ando algo pérdida.
A veces pienso que no quieres que te encuentre. Te escondes en rincones que desconozco por donde no cabe esta mochila llena de prisa.

Y me pierdo en lo inminente.
Espero tu respuesta de forma urgente porque esperar, nunca fue lo mío.
Y quiero las cosas ya. Aunque ese ya se llame fracaso.
Porque a veces me gustaría que fueras amiga del miedo. Y vinieras a alguno de nuestros habituales encuentros. Tengo una habitación de invitados donde suele quedarse la intolerancia y el recelo.

Querida paciencia,
Ya sé que eres tiempo.
Hermana de reflexión y armonía.
Que caminas con paso firme y tranquilo. Con esa templanza que te regaló tu madre calma.
Y te alejas del estrés y lo impulsivo.
Porque tú, naciste para mecer tempestades.

Por eso te busco.

Porque no me quedan uñas para sosegar mi ansiedad.
Se me han acabado los reproches que hacerme delante de este espejo roto.

Porque vivimos en la sociedad del ahora. Lo inmediato.
Porque nuestra atención dura 30 segundos. Los mismos que espero para abrazarte. Y si vienes tarde me envuelve el desespero.
Y te culpo de no encontrar un sendero que no me molesté en iluminar.
Porque nunca tuve tiempo.

Tiempo.

Ese sistema de recompensa a largo plazo.
Que suena a lejano. Y a sabiduría.
Que acontece el éxito.
Que se aprecia enérgico y placentero.

Querida paciencia,
Y es que quiero encontrarte en nuevos lugares. Darte forma.
Que las dos sabemos que tu lugar favorito es casi tan inmenso como tu logro.
Y me sumerjo entre las olas para apaciguar mi agravio.
Y mis lágrimas de rabia se quedaron en la orilla del prejuicio.
Y ese oleaje me dejó desnuda.
En medio de una Isla del Índico de idioma desconocido.
Y mirándome a los ojos desafiaste mis miedos.

Y me ofreciste más de 30 segundos para observarte.
Y recordar cada lunar que hay en tu cuerpo.
Y construir constelaciones con ellos. Para cuando necesite contar estrellas en el caos de un universo gobernado de impaciencia.

Querida mía,
Éste año decidí regalarme tiempo.
Tomarme más en cuenta.
Este año decido quererme para encontrar la forma de que estés más presente en mi vida.

Y tú ¿Qué le dirías a tu paciencia? 

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Querido miedo

  • enero 15, 2018

Ayer me puse mis mejores galas para recibirte.
Me vestí con aquella armadura que no me dio tiempo a utilizar la última vez.
Me armé con el escudo que todavía sigue intacto, esperando parar alguno de tu revés.
Apagué todas las luces, sabiendo que la oscuridad se ha convertido en tu hábitat natural.
Y me senté. En la misma esquina donde me derrumbaste aquel mes de agosto.

Pero nunca llegaste.
Nunca cruzaste esa puerta que te dejé entreabierta.
No me meciste.
No viniste a obligarme a derramar lágrimas con sabor a frustración.
Ni a mentirme.

No te cruzaste en el pasillo con la ira, el dolor y el abandono.
No me regalaste aquel engaño cuidadosamente envuelto con un lazo de raso rojo.
No me empujaste al vacío de la tristeza ni llenaste mis pulmones de ansiedad.

Querido miedo,
Siempre haces lo mismo.
Nunca llegas puntual a nuestra cita y me pillas desprevenida andando descalza por algún camino que se convierte en culpa, y desasosiego.
No me das la mano cuando la he cubierto de autoestima, porque tú, siempre me quieres vulnerable. Temerosa.

Y te conviertes en ese nudo que no desenreda mi valentía.
En el desconcierto de unos ojos que no consiguen ver fortalezas.
En la melancolía de un lenguaje que no encuentra más que palabras dañinas.
Y culpabiliza. Señalando con furia las carencias que aún apremian.
Como si no pudiera aprender de ellas.

Querido miedo,
Tú, que piensas que no eres más que tristeza, vienes cargado de utilidad.
Porque eres esa moneda que cuando consigue dar la vuelta puedes ver su verdadero valor. Y comprar cosas con él. Y resulta que las cosas no son objetos sino objetivos.
Y no encuentro mejor objetivo que ser yo.
Contigo y en ocasiones sin ti.

Querido miedo,
Entiendo que no debo esperarte en el mismo lugar ni con la misma apariencia.
Porque yo, ya no soy esa.
Te encargaste de que a tu paso viniera la fuerza, y las dos saliéramos de allí. Entre aplausos de fervor, alborozo y simpatía.
Así que ven cuando quieras.
Yo, ya me quité la coraza. Y aunque duelas, siempre consigo ver el amor que hay en ti. En mi.