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Querida Alegría Carta abierta

  • marzo 7, 2018
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Querida Alegría,
Ya sé que que todos te buscamos, sin ofrecer nada de vuelta.
Se no olvida que eres moneda de cambio de una actitud de vida.
Que no siempre estás dispuesta a que te encontremos, porque tu también necesita calma. Restar en paz.
Y volver a construir momentos irrepetibles que guardar como una entrada de cine. De esa primera vez que fuiste con ella, tal vez con él.
Y apareces de la nada soplando aires de tormenta. Y nos sacudes de una calma momentánea que recorre el más sombrío rincón.
Y así, como si fueras una mala droga, te buscamos sin cesar para a veces convertirte en ansiedad.
De no tener los brazos tan largos para poderte abrazar.

Y es que compartes correspondencia con los reyes magos. A lo que pedir deseos.
A ti te pedimos que estés en forma de regalo. Olvidando que tu no eres algo.

Y la decepción se coló entre una persiana medio abierta. Porque a veces no estamos preparados para ver tanta luz. Como si fuéramos Platón en una caverna. Un mito de felicidad. Como esa virtud sagrada a la que aspirar.

Somos racistas. Discriminadores de sentimientos.
Buscamos continuamente un cromo repetido. Con el que forrar un álbum de recuerdos que enseñar a los demás. No vaya a ser que crean que eres dolor y en ocasiones vergüenza.

Porque aprendimos a jugar al tabú. Eliminando desasosiegos en nuestro lenguaje. Porque en la era del postureo, lo más importante es mostrar esperanza.
De un mundo mejor, de personas que se visten con super-capas, que en vez de volar, les hacen tropezar.
En un universo de corazones digitales. Donde felicitar logros que se forjaron a base de miedo, fracaso y estrés.
Y todas esa lágrimas derramadas quedan anuladas por ti. O por lo que parece tu reflejo en aquel embarrado charco.

Querida Alegría,
Parece que te debemos todo en la vida.
Parece que te queramos por encima incluso de nosotros mismos.
¿Pero sabes?
Tu no tienes la verdad absoluta. Ese título le corresponde a nadie.

Y no somos más que un compendio de experiencias y mapas mentales con los que crear una red de conocimientos que poder relativizar sin miedo a reproches.
Me olvidé de reglas universales y camino entre paradigmas.
Con los que tropezar. Y caer en algún vacío.

Querida Alegría,
Yo también te anhelo. Eres uno de esos pensamientos recurrentes. Al que pedir conscientemente. Pero es que yo también soy inconsciente, y algo tendrá que decir.
Muchas veces lo que yo no me atrevo, no quiero, o me da tanta pereza.

Y darme permiso para echarte a patadas de casa y meterme en el ojo del huracán.
Que desde ahí también se ve una vida. Y aunque marea, siempre me gustó mi melena despeinada.
Como quien se lleva preocupaciones para instaurar otras, que poco a poco se convirtieron en sueños.
Como los que muchas veces te pedimos, desconociendo que no eres respuesta de todo y mucho menos de nada.

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